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Mitos sobre el ayuno intermitente

Mito 1: “El ayuno intermitente te hace sufrir o pasar hambre”


Muchos pacientes llegan a la consulta diciendo: “Doctora, yo no quiero hacer ayuno intermitente, no quiero sufrir, a mí me gusta comer. ”La realidad es que cuando el ayuno está bien aplicado, no se pasa hambre. Si un paciente siente hambre, angustia o está “aguantando”, es porque lo está haciendo de manera incorrecta.


El ayuno debe adaptarse a la vida, a las necesidades físicas y fisiológicas, y debe hacerse escuchando al cuerpo. Si aparece hambre, suele deberse a un error clave: comer poco en las ventanas de alimentación.


Muchas personas mezclan hábitos anteriores con los nuevos y piensan: “Como tengo pocas oportunidades de comer, como poquito.”Ese es un error grave. Las comidas durante la ventana alimentaria deben ser sanas, conscientes y nutritivas.


Si se basa la alimentación en grasas saludables, proteínas, pocos carbohidratos y bajo contenido de azúcares, la saciedad se mantiene por horas.Pero si alguien viene de varias horas de ayuno y come únicamente lechuga con tomate y una cucharadita de aceite —porque quedó el “chip de la dieta”—, es lógico que vuelva el hambre.


Ese plato no tiene nutrientes suficientes, ni proteínas ni grasas saludables. Le faltan los elementos que dan energía real a las células.Por eso, cuando el ayuno se hace correctamente, no se pasa hambre.


Mito 2: “El ayuno intermitente es comer poco”

Muchas personas confunden ayuno con restricción. Pero quienes hacen ayuno intermitente no comen poco: simplemente ordenan las comidas del día.

Al ordenar las comidas, aparece una realidad: comemos muchas veces sin necesidad.Barritas de cereal, colaciones constantes, snacks “chiquitos” que parecen inocentes pero que están llenos de azúcares, carbohidratos, colorantes y aditivos.


Ese tipo de alimentos no nutren y generan picos de insulina constantes.Los picos de insulina traen voracidad, hambre y además provocan que el cuerpo almacene grasa de manera continua.Esa grasa luego se acumula en el abdomen, en el hígado, en zonas que molestan y son difíciles de movilizar.

Por eso, comer poquito pero muchas veces al día dificulta el descenso de peso: el cuerpo está siempre guardando energía y casi nunca accede a esa grasa acumulada.


Cómo ayuda el ayuno intermitente


El ayuno intermitente ayuda por dos motivos fundamentales:

  1. Pone orden Organiza las comidas y rompe el ciclo de comer cada rato sin necesidad.

  2. Mejora la relación con el alimento Controla la voracidad y permite elegir de manera consciente, sin sentir que uno está forzado a comer una cosa mientras desea otra.


Muchos pacientes dicen:“Doctora, por fin puedo sentarme frente a un plato y elegir lo que quiero, sin estar deseando otra cosa.”


Cuando el ayuno intermitente se hace de manera rutinaria, consciente, feliz y acompañado por un profesional, se construye una relación sana con la comida.

No hace falta comer muchas veces al día, ni comer poquito y de mala calidad.El ayuno intermitente muestra orden, calma y control cuando se aplica correctamente.

 
 
 

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